Advierten que el «modelo» argentino no es sostenible a largo plazo.
Siempre que ha habido una administración del tipo de cambio (Rodrigazo, Gelbard, Martínez de Hoz, Plan Austral, Convertibilidad) que lo haya mantenido retrasado y alejado del ajuste inflacionario interno, se pasó de un proceso con un profundo daño al aparato productivo a una salida abrupta del desequilibrio.
Opiniones que analizan el presente:
Buenos Aires (NA) — La Argentina viene creciendo por encima de su potencial gracias a los ascendentes precios internacionales de las materias primas, pero la inflación del 25 por ciento anual y una devaluación de sólo el 5 por ciento por año le quitan competitividad al país y tornarán «insostenible» el ciclo económico en el mediano plazo, según un informe privado.
Al impuesto inflacionario, el más regresivo de todos, se suma una fuerte presión tributaria que reduce y ralentiza la carrera inversora, cuando todos los economistas (ortodoxos y heterodoxos) aseguran que la única forma de sostener cualquier crecimiento es con inversiones y expansión del sistema productivo, principalmente el manufacturero.
Según un informe del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), de la Fundación Mediterránea, la economía argentina está creciendo por encima de su potencial real, y el ciclo podría resentirse si no se impulsa la inversión directa.
Eso explica, señala el análisis, las presiones inflacionarias que terminan afectando a todas las clases sociales y sobre todo a las más humildes, con alzas de precios que deterioran el poder adquisitivo y también tipo de cambio.
El Gobierno mantiene su política de flotación administrada del dólar y no deja subir el tipo de cambio hasta los niveles que reclama la industria, con la ventaja otorgada por los precios internacionales que mejoran día a día.
Durante 2010, el peso mostró una depreciación del 5 por ciento frente al dólar estadounidense y al real brasileño, pero se apreció respecto del euro, situación que se comenzó a revertir muy levemente en los dos primeros meses de 2011.
El peso se devaluó 1,8 por ciento en febrero frente a las monedas de los países socios comerciales, como Brasil y China, y también con relación al dólar estadounidense, mejorando la competitividad para las empresas nacionales.
El problema está, según el enfoque de los economistas, en que el crecimiento depende mayoritariamente de los precios externos y el ciclo se vería en jaque en caso de una reversión de esos valores, lo cual sacudiría con dureza al país.
Para Colin Lewis, de la prestigiosa London School of Economics, la Argentina es «el país de América Latina que más tiene para perder si hubiera una reversión del ciclo de precios de materias primas».
Ecolatina, la consultora fundada por el ex ministro de Economía Roberto Lavagna, dice que el freno a las importaciones que aplica el kirchnerismo no mejorará la competitividad del país y por el contrario termina por elevar las presiones inflacionarias.
La consultora opinó en un reciente informe que cerrarse al mundo es un paliativo para problemas de fondo pero sólo para el corto plazo y la solución es que se promuevan incentivos para fomentar la inversión, mejorando la competitividad de los productos nacionales.
En 2010, el volumen de importaciones marcó su máximo histórico en términos del Producto Bruto al alcanzar el 15,3 por ciento y los economistas entienden que esto podría estar marcando el agotamiento del actual modelo.
En ese sentido, Ecolatina entendió que después de ocho años de fuerte crecimiento, por precio y calidad, ahora resulta más barato importar que producir en el país, lo cual atenta contra las inversiones, la productividad y la expansión sostenible.
Para Abeceb.com, la consultora que conduce el economista Dante Sica, la escasa inversión productiva en la Argentina ha llevado a que en los últimos años el país pase a ser importador de energía en rubros en donde antes era exportador, como es el caso del gas natural.
«Se podría decir que durante los últimos años se ha logrado salir adelante a través de un proceso de crecimiento de corto alcance que estuvo falto de factores y agentes que forjaran un tipo de competitividad estructural, con una proyección de mediano y largo plazo», opinó Abeceb.com.
